lunes, 9 de febrero de 2015

Carta de admisión

Anoche sentí un poco de pánico y ansiedad porque cuando llegué a mi casa tenía que hacer mi equipaje y también recoger mi habitación ya que por doquier había ropa y documentos tirados, lo cual es inusual en mí porque soy una persona súper organizada. A tal extremo, que reconozco mi OCD "Obsessive Compulsive Disorder". Sí, y no lo niego. Sin embargo, prefiero tener manía de limpiar y no el síndrome de Diógenes. Coño, por qué me comprometo tanto y dejo lo mío para última hora, pensé irritada.

Para lograr los objetivos el ser humano debe salirse del área de "confort". Mi bisabuelo decía que el que quiere comer pescado debe mojarse el trasero. Es cierto, porque nada llega de gratis. Reflexionar sobre esas cosas me dio ánimo para limpiar mi habitación, sacar la ropa para mi equipaje y también organizar mis papeles. El último documento que cayó en mis manos fue la carta de admisión que mi hijo escribió cuando solicitó a varias universidades. Un nudo se hizo en mi garganta. De mis ojos no brotó una lágrima pero mi corazón sangraba por dentro. Yo adoro a mi hijo.

Si hasta ahora no había hablado de él, no significa que no lo tenga presente en mis pensamientos. Al contrario, mi hijo lo es todo para mí. Él, sin saberlo, contribuyó enormemente para que yo cambiara de vida. El día 7 de mayo cumplirá 25 años. Cuando él era un bebe, yo parecía una adolescente jugando con un muñeco. Tal vez por eso lo descuidé tanto. No me justifico ya que la inmadurez y la ignorancia tenían una venda en mis ojos. Las heridas poco a poco han cicatrizado y ya no estoy tan vulnerable para hablar sobre mi único y adorado hijo. 

La escritora Esmeralda Santiago, cuando hizo una presentación en el Lehman College, comentó que muchas veces tenía que dejar a un lado el ordenador ya que el llanto empañaba su visión y la pena se apoderaba de su corazón al escribir de temas dolorosos. En estos instantes me encuentro en esa situación. La única diferencia es que no estoy frente al ordenador sino que escribo desde mi iPhone. Mis lágrimas van dirigidas a esa joven ignorante que descuidó tantas noches a su hijo cuando él más la necesitaba. El pasado no lo puedo cambiar pero si reflexionar sobre éste para así en la actualidad ser una mejor madre. 

Aunque los hijos sean adultos, en un lugar de nuestro corazón, todavía los vemos como niños.  Eso sí, tampoco es que los vamos a amamantar como si lo fueran porque ahí cambia el asunto. Por culpabilidad, ignorancia o por cualquier otra jodienda, cuando se miman demasiado, no los dejamos desarrollar y luego tenemos parásitos que no sirven para nada y se convierten en escorias de la sociedad. Este no es el caso de mi hijo. Hace cinco años se fue a la universidad pero luego dejó los estudios y se ha conformado con un trabajito en McDonald. 

Él vive a siete horas en un pueblito insípido en donde gran parte de sus residentes son conformistas y ahogan sus penas con el alcohol. Pienso que es natural que los hijos necesiten apoyo moral y si están en problemas económicos que también uno les dé una manito de vez en cuando. Yo pienso ayudarlo pero no es verdad que mientras yo me fajo como una leona él va estar tranquilo echándose aire en los testículos. Creo que ha llegado el momento de involucrar a mi hijo en mi vida para que por su cuenta descubra otros horizontes y se salga de la prisión imaginaria que el sistema nos ha impuesto. 

No voy a profundizar en mi relación con él porque en un futuro pienso dedicar tiempo para escribir "cartas a mi hijo" desde cada país en donde me encuentre. Reflexionar sobre el pasado; su niñez, y adolescencia, hasta convertirse en un hombre. También escribiré de los países que visite, sobre la cultura y también su gente, para qué él pueda soñar e imaginar otros lugares como lo hacia yo cuando leía uno que otro libro. Fue gratificante leer esa carta de admisión porque mi rostro resplandeció de orgullo y amor pensando en mi hijo, quien en dos meses me dará el regalo más bello: un nieto.  

Por: Yini Rodríguez
Todos los derechos reservados

lunes, 26 de enero de 2015

Reflexiones moralizantes

Después que he comenzado a creer en mí, el universo está abriendo los caminos para así lograr mis sueños. Es maravilloso cuando uno puede ver que los sueños en realidad no son fantasías y que éstos sí se pueden realizar si dedicas tiempo y esfuerzo a las cosas que te apasionan. Por más simple que sean mis sueños me dan gran satisfacción porque mantengo viva la ilusión de ir logrando metas que llenan mi ser y en el fondo de mi alma me siento como una niñita que no acaba de crecer.

He comenzado a dejar de cuestionarme y a seguir mis instintos porque nadie más que yo puede saber lo que quiero y hacia dónde voy. Eso sí, siempre caminando acompañada, llevando conmigo, "un rosario de amigos" en donde cada uno se complementa con el otro y esa es una conexión cargada de energía, esperanza y espiritualidad. Época de luz. Destellos ardientes. Claridad infinita. Caminando despacio; tranquila me levanto. Todo es ternura porque ya nada me ahoga. Rezo en las mañanas y antes de dormir. Sin fanatismos. No hay necesidad porque es sólo buscar esa paz que reside en cada uno de nosotros!

Cuando doy riendas sueltas es como si entro en un trance.
La vida la simplificó. Veo en las cosas su sencillez.
Lo material no me impresiona. Sólo necesito lo esencial para vivir como una Prima donna. Sabiduría para el cerebro. Mentes con miedo se dejan arrastrar, por falsas promesas. Tiempo entendiendo. Gracias a los obstáculos aprenden a correr sin miedo. No Maldigan. ¿Por qué perder sus energías en vibras negativas? Visión y enfoque primero. Determinación y acción son partes crucial del juego.  En mi atónita mirada hay un destello. Es una luz intensa que brilla hasta el cielo. No veo a Dios, él nos desamparó. De qué hablas si yo vivo dentro de vos!
 
Inocencia robada. Manos rústicas acarician mi pulpa. Oh, pedófilo malvado es espantoso que me hayas molestado.  No ves diferencia porque tienes la mente enferma. Cabizbajo camina y miras de lado ya que la vergüenza de ti se ha apoderado. Tranquila ando un paso a la vez. Siempre sonriendo, pues ya no siento complejos ni inseguridad frente al espejo. Identifica los nudos que te atan para que los puedas romper. Ya no más melancolía. Ay, mi hija ese tiempo ya pasó. Tu naciste descalza por qué tanta lamentaciones. Busca dentro de ti si quieres ser feliz.
 
La piel se sonroja. La garganta se atora. Mis pezones, pico de pajarito, quieren saciar el hambre que los devora. Mis pensamientos se dispersan y son hojas de otoños  que vuelan para caer en brazos equivocados que no saben apreciar el roce de una mano. Después de la tormenta, mi corazón se aquieta y mi vida florece como pétalos de primavera. Mariposas van de nido en nido buscando refugio en donde puedan apreciar los colores intensos del arco iris. Con miedo de mojarse vuelan a otro lado y se la pasen triste porque sus sueños no lo han logrado. Sigan, no se detengan. La lucha no debe ser con los años, las canas o las arrugas en la piel. De la ignorancia es de quien se deben defender. Abran sus mentes y recapaciten. Vivan en el presente, y  aprendan del pasado para ir construyendo un mejor porvenir.
 
Sería maravilloso poder trascender más haciendo el bien. Pobres de aquellos tiranos que no descansan en sus tumbas. Sus almas andan en penas llenas de amarguras. Soldado callado di ya basta y levanta una mano. Tira tu arma al piso. No te quedes paralizado; fíjate cuantas familias han perdido un hermano. Ladrones inconscientes como pulpos se llevan las riquezas de un pueblo. Miradas indiferentes. ¿No entiendo por qué no se une el
pueblo?
 
La tecnología los controlas. No es que no la usen pero háganlo a su favor. Bobos se mueven en círculos alrededor del ordenador. No se dan cuentan que son más que marionetas. Se ha perdido el calor humano. Todo es un chiste y si te gusta ponle un like. Qué lástima, se acabó el diálogo; instrumentó necesario en la búsqueda de la verdad en el ser humano.
 
Novelas por qué tantas novelas? La vida se les va viendo melodramas. Nos le interesa analizar sus vidas sino las ajenas. Oh, Sócrates! Si tú estuviese vivo cual sería tu impresión de estos tiempos. Acaso no se dan cuenta que viven en una prisión. El sistema está diseñado para oprimirnos. La maldad asecha a cada hora. No solo los delincuentes roban. Políticos sin principios viven como unos cualquiera. Familias, amigos y limpias sacos disfrutan de esa riqueza. El país en la ruina se encuentra. ¿Por qué todos callan y bajan las miradas? ¿Por qué tantos malls si podemos comer con las cosechas de nuestras tierras, que es rica en su esencia? Extranjeros vienen y de ellas de apoderan. Lo que producen lo exportan a otros países. Los impuestos  exoneran. Es que nadie se da cuanta o es que a nadie le interesa.
 
La noche se convirtió en día
y los percances se esfumaron en hilos de humo
dando paso a un mundo de fantasías
Épocas doradas más no viviendo de añoranzas
El instante es ahora para alimentarnos del ayer
Y, de los que nos espera en nuestro andar por esta vida.
Cuál será el final; no lo sabemos
lo importante es el trayecto
para dejar huellas que otros puedan recorrer
En ese camino de espinas en donde la desesperanza
arropa a los débiles corazones.

Reloj; te adelantas como yo,
y a medida que avanzan los segundos,
la energía se conecta para vivir
a plenitud cada momento y hora


Los sueños alimentan mi alma
Y, al realizar cada meta,
es muestra que estoy cuerda
La locura es de ellos, que ni el

escudo de Don Quijote los ampara
Mentes en penas; sufriendo día a día,
ciegos a la importancia de la vida
Ya basta de lamentarse, que la vida no es un calvario
Busquen dentro de sí y al hacerlo
no se comparen con nadie
nutran la mente de filosofía, para que recorra con ustedes el camino de  la vida.
 
Todas somos Alicias aún en nuestro infierno
Sufriendo, al igual que Penélope, en un
banco de pino verde
En un sueño o más bien pesadilla
en donde no somos la bella durmiente
Pero si la cenicienta porque nos creemos Magdalena
No somos la Santa María ni la Madre Teresa
Más si somos seres especiales
en toda nuestra esencia
Desatar los nudos que impone el sistema
para qué vivamos como una sola raza
Libre de prejuicios; creando valores
para forjar una sociedad de
gente comprometida en transformar sus existencias

Gemidos cortados. La lucha no ha terminado. Si no aprenden del pasado vivirán en una jaula encerrados. Pobres de sus hijos. Ellos pagaran por sus pecados

Por: Yini Rodríguez
Todos los derechos reservados

domingo, 30 de noviembre de 2014

La chica movimiento

Samantha cantaba "Not afraid" de Eminem. En fracciones de segundos, recordó muchas experiencias vividas en los últimos años. Fuese *bacán si los pensamientos se pudiesen transcribir automáticamente en un papel, ya que en minutos se escribiría un libro completo, pensó ella en relación al tiempo. Ahora prestaba atención a las letras de esa canción. Necesitaba prepararse mentalmente para sus próximos proyectos. Estaba como en un trance y, en situaciones como éstas, es que hace un paréntesis para proyectar las cosas que anhela y luego crea un plan estratégico para llevarlas a cabo.

Samantha es atrevida y ella no tiene miedo de experimentar cosas nuevas, las cuales la hacen sentir como una adolescente. Ella está súper emocionada porque en seis meses volverá a la Argentina a visitar a sus amigos. Sonríe al recordar cómo fue el primer encuentro en donde se plantó la semilla de lo que hoy día es una linda amistad. El azar quiso que se conocieran en un autobús. Ella viajaba sola como turista a un país que le había llamado la atención: Perú. De Cuzco iba a una excursión a Saqsaywaman. Esta experiencia le abrió los sentidos porque al andar sin compañía ella era dueña de su tiempo para deleitarse observando paisajes pintorescos, degustando comidas exquisitas y escuchando las historias y los relatos de esa región.

Al verlos en grupo ella sintió un poco de nostalgia puesto que no tenía a nadie con quien compartir sus experiencias. Ellos, en cambio, charlaban amenamente, sacaban fotografías y también tomaban mate. Sintió deseos de propiciar una conversación pero no tuvo el valor. Para muchas cosas era decidida, sin embargo, cuando se trata de interactuar con gente en ella surge cierta timidez. El trayecto fue corto. La distancia era como dos o tres km al noreste de la ciudad de Cuzco. Lo que ella vio fue impresionante. Las ruinas del sol o, fortaleza Inca, está construida con enormes rocas talladas y cada una está unida con una precisión increíble. Saqsaywaman, junto con Machu Picchu, es una de las mayores obras arquitectónicas Incas.

Ella tomaba cientos de imágenes del paisaje y de los detalles que llamaban su atención. La tierra mojada, las plantas, los colores, el viento y el sol creaban unos matices extraordinarios que se perdían en las pupilas y en el olfato de ella; dejándole una sensación de libertad. Aquel que viaja sólo aparece en pocas imágenes ya que mayormente la persona necesita que sea alguien más que tome la fotografía. Una de las chicas en el grupo se acercó a ella y le preguntó si deseaba que la fotografiara. Ésta asintió con entusiasmo mientras le pasaba su cámara. En ese momento, después de una lluvia instantánea, apareció un arco iris bellísimo. Ella también se ofreció a tomarle fotos y allí comenzaron a platicar. De regreso en el autobús, ella se unió al grupo y tomó mate.
¡Waoo, no moriré ciega, y eso que todavía no he visto Machu Picchu! exclamó emocionada a sus nuevos amigos.

Era un grupo de más de treinta personas pero ella solamente se familiarizó con cuatro de la provincia de Neuquén a 1200 kilómetros de Buenos Aires. Uno es doctor y la hija de éste, una estudiante; la otra es enfermera, y la última tiene una tienda de ropa para todas las edades. Ellos viven y trabajan en un pueblo llamado San Patricio del Chañar, excepto la hija del doctor que vive en la Plata. Todos ellos son viajeros y aficionados a la fotografía. Desafortunadamente el programa a Macchu Pichu se canceló debido a un desastre natural. En esos días llovió mucho y hubo un deslizamiento en donde tuvieron que evacuar a más de 500 personas y todas las giras tuvieron que ser canceladas, por lo que cientos de personas tuvieron que quedarse en Cuzco un día extra.
Debido a ese percance la chica en movimiento pudo reencontrarse con los argentinos en la Plaza de Cuzco frente a la Catedral. En ese encuentro ella les prometió visitarlos en su próximo viaje. A ellos se sumó otro del grupo y ella fue testigo de cómo cupido flechó a dos de ellos durante ese viaje. Los gestos y las miradas giraban alrededor de ambos, quienes hablaban y se agarraban de las manos como un par de tórtolos en tierra sagrada. El tiempo transcurrió y esta dama finalmente cumplía su promesa. Ahora ella recodaba el día en que llegó a Buenos Aires. Viajó un mes de diciembre; dos días antes de celebrarse la Navidad.
Del aeropuerto se dirigió a la terminal de autobuses en donde tenía que agarrar un bus por más de quince horas hasta Neuquén en donde la estaría esperando su amigo. El encuentro fue muy emotivo y ella se sintió como en casa.
¡por favor, pellizquen mi piel para saber que no estoy soñando! le comentaba Samantha a sus amigos en la casa del doctor mientras esperaba su turno para tomar mate.

De ese viaje ella atesora momentos inolvidables; especialmente aquellos en donde compartió con los niños en el campito y en la Chacra de su amigo. Las entretenidas conversaciones con cada uno de ellos son inolvidables. La cena de Navidad y de fin de año fue sumamente espectacular. Disfrutó un montón cuando visitó San Martín de los Andes y también la noche que fue a la disco y cuando compartió con unos jóvenes. Esas imágenes están grabadas en su mente para siempre. Samantha es como un libro abierto, sin embargo, hay cosas que ella se reserva por prejuicios o estereotipos que se forjan por ideologías falsas o simplemente por ignorancia hacia ciertos temas. Resulta que ella ocultaba un secreto y no sintió la necesidad de decírselo a sus amigos porque en ese pueblo ella no fumaría. Eso pensó pero, cuando vio el hijo de su amigo, supo que eso ya no sería posible porque, según su pinta, dedujo que él también fumaba. Volvemos con los prejuicios ya que sin ella darse cuenta también hacia lo mismo: juzgar a las personas por su apariencia.
Anyway, la cuestión es que ella encontró un escape cuando conoció a las ovejas negras del pueblo. Bueno, esto fue lo que ella supuso por las historias que comenzó a escuchar por boca de ellos y luego por parte de algunos padres de estos jóvenes. Ella recuerda haber fumado cerca de un riachuelo. Después de la cena de Navidad, fueron a Carilo disco, la cual queda al lado del Corralón Pity; a dos cuadras del Secundario Cepem #31. Ahí volvió a fumar. La canción de moda era mosa, un tema brasilero muy pegajoso y chulo de bailar. Esa noche llevaba el pelo rizado. Un maquillaje sencillo y una mini falda. Su atuendo negro la hacía lucir una silueta esbelta. Con movimientos precisos ella bailaba al ritmo de la música. Se acercó al bar y pidió un fernet con coca cola.

Los ojos azules del bartender la hechizaron. Durante toda la noche no quiso perderlo de vista. Cada movimiento iba dirigido a él. Esa noche no lo pudo borrar de su mente y hasta soñó con esa persona. Al otro día el hijo de su amigo la llevó a casa de unos amigos a compartir y a fumar. Ella se quedó atónita. El mesero de la noche anterior también se encontraba allí. Ella no pudo ocultar el rubor en sus mejillas. Lo achacó al jugo baggio con vodka que le sirvió uno de los chicos. Fumaron y conversaron a gusto. Quiso escuchar a que se dedicaba cada quien, aparte de estudiar. Todos eran jóvenes con menos de 23 años, incluyendo al bartender, quien por la poca edad podría ser su hijo. Por esta razón lo comenzó a ver con otros ojos y dejó de imaginar cosas atrevidas en la intimidad con él. Los chicos querían saber más de Samantha. Sentían intriga por su acento y su nacionalidad. Les contó de dónde venía y a qué se dedicaba. Le dijo que era oriunda de Republica Dominicana. Del sur: Bani. Pero, que desde la edad de trece años, radicaba en la ciudad de Nueva York. Ella les habló de sus sueños y también sobre sus proyectos. De igual manera, también se interesó en saber las cosas que cada uno anhelaba. Volvieron a fumar. Reían. Bebían. Y, de repente, ella comenzó a imaginar a estos jóvenes en Nueva York.

¡Se imaginan que, en vez de este pueblo, estemos en el Central Park en Nueva York; recorriendo aquellos lugares que solía recorrer John Lennon y fumar sentados en el pasto mientras escuchamos su música! todo es posible le decía ella. Pero, primero deben educarse si desean que sus sueños se conviertan en realidad término diciéndole con convicción.

Samantha todavía sigue en contacto con algunos de los chicos; primordialmente con el bartender, quien a partir de ese día comenzó a soñar con su visita a la cuidad de los rascacielos. En su último texto le escribió lo siguiente: "Te cuento que siempre estoy pensando en viajar a verte. Así como nos decías que nosotros también podíamos, pues yo empecé a imaginarme en Nueva York. Me imaginaba el lugar ese que me decías; también las luces de Times Square y los edificios. Y vos como contabas todo eso fue algo muy raro al otro día me levanté con una vibra muy positiva, con esperanzas y ganas de hacer todo lo que pudiera y lo que no lo quiero hacer igual. Voy a esperar con ansias tu regreso querida amiga movimientos".
Samantha también esperaba con ansias regresar a San Patricio del Chañar a compartir con sus amigos y con aquellos que en su primer viaje no tuvo la oportunidad de conocer. Otra vez ella volvería a cumplir su promesa pero hay otras que toman más tiempo para llevarse a cabo. Pensaba que, para estas fechas, ella regresaría a la argentina con su libro en mano pero su historia todavía no estaba completa. Esta se va tejiendo a medida que transcurre el tiempo.

Mientras tanto, ella recuerda algunos episodios de su vida para así recodar a sus amigos y visualizar su próximo viaje. Sabe que no debe tener miedo de dar el próximo paso porque las dudas siempre estarán en el ser humano pero lo importante es no quedarse inerte. Cuando terminó la canción, ella dejó a un lado sus audífonos, y volvió a tomar el Llano en llamas de Juan Rulfo para leer el cuento "Es que somos muy pobres". Samantha no podía creer todas las cosas que imagino en sólo varios minutos.

Por: Yini Rodríguez
Todos los derechos reservados

*algo heavy “chulo”

domingo, 19 de octubre de 2014

Resucitan los muertos


Se abre la caja de Pandora para vomitar lo que ha sido un pasado funesto. Resucitan los muertos y sus almas andan en pena. ¿Por qué tener miedo? Analizar el pasado puede ser una aventura excitante. Los muertos nos hacen recordar que vivimos en un mundo prestado y que, los fantasmas solo están en nuestras mentes. Lo importante es poder mirar en retrospectiva para ver quiénes somos en el presente, ya que aquél que vive de lo que fue, se va aniquilando como ser humano porque deja de crecer en el ahora para vivir aferrado a una vida que solo existe en su mente.

Algunos sucesos de la actualidad me trasladan a otra época, donde viví mucha convulsión. Hace dos semanas, me llama mi prima Yocasta para decirme que a su marido Montana lo deportaron a República Dominicana, después de haber pasado 18 años en prisión.

¿Muchos años, verdad? Wao, esa noticia me dio mucha alegría, por los dos. Ella también se había encerrado en una prisión, pero imaginaria.

Sucede que, cuando a él lo arrestaron, ella se aisló del mundo, y dejó de tener una vida. Del trabajo a la casa y viceversa; ni televisión veía. Su único refugio han sido los santos, y unos cuantos vecinos que no salen de su casa bebiendo café y bochincheando la misma mierda todo el tiempo. Su puerta vive abierta como la Puerta del Conde. Vecinos vienen y van. Algunas veces, ella cuela café más de cinco veces, como si estuvieran velando a un muerto. Todos los días, antes de irse al trabajo, tiene que rezar casi dos horas. Yo no me meto con las creencias de nadie. Cada quien que haga lo que le plazca. Pero, cómo es posible que un ser humano gaste su energía en algo que no le da productividad, mientras el mundo se le desmorona alrededor… Su estuche de apartamento vive con un reguero del carajo.

Se podría decir que la pobrecita ha desarrollado el Síndrome de Diógenes. En su casa tiene un montón de porquería acumulada. Vive con sus dos hijos en un apartamento de una habitación. El mismo apartamento en donde vivía con su marido antes de que éste fuera arrestado en el 95. Nunca se mudó. Le dieron una Sesión ocho y la dejó perder. Al hijo varón, ya con 28 años, lo puso a dormir en una camita en la sala. A su hija, actualmente 18, le tocó con ella, en la misma cama en su habitación. En la cocina tiene su altar con todos los santos habidos y por haber. Su casa, si acaso, dura limpia un par de días pero luego vuelve a un desorden total. En su cocina, además del altar, también tiene miles y miles de cartas, que nunca se ha tomado la molestia de abrir en muchos años, regadas por doquier. Los closets, cuando los abre, se le viene un army encima. Tiene ropa con cojones, que ha ido acumulando en bolsas dizque para mandárselas a su madre.

Yocasta, antes de que su marido fuera arrestado, era un cromo de mujer, con un cuerpo voluptuoso de guitarra. En Villa Francisca era la más asediada e inteligente del barrio. Cuenta mi mama que los hombres se peleaban por ella. Se casó con el más bribón del sector. Él era bien celoso, y por eso ella tuvo que dejar los estudios y pasar a ser una mantenida, como le ha pasado y le sigue pasando a muchas de nosotras.

Cuando al esposo de Yocasta le dieron la residencia por medio de su padre, ella tuvo que quedarse en Santo Domingo hasta que él pudiera también llevarla a Nueva York, con un bebe recién nacido. Efectivamente, así lo hizo pero al llegar a esta metrópoli, Yocasta se encontró con la sorpresa de que él ya tenía otra mujer. Una Boricua mayor que él, con la cual sigue unido en la actualidad.

Yocasta no tuvo otra opción que buscar refugio en casa de su prima Altagracia. Sin saberlo, se metió en la boca del lobo porque en el edificio en donde vivía su prima vendían drogas. Ahí fue donde terminó conociendo a Montana. Su luna de miel duró casi nada. Al poco tiempo Montana cayó preso, dejándola embarazada. Por eso, con la libertad de él, ella también se libera de los barrotes imaginarios en los cuales se ha encerrado por todo este tiempo. Aunque ahora están juntos, ya nada es igual. Yocasta jamás imaginó que el americano se convertiría en su mayor pesadilla.

Por: Yini Rodríguez
Editado por: René Rodríguez Soriano
Todos los derechos reservados

domingo, 31 de agosto de 2014

Sobre mi nacimiento


Nací un primero de septiembre de 1973 en el hospital de maternidad Nuestra Señora de la Altagracia. Pese 9¾ con 21 de largo. La hora exacta no está registrada pero dice mi madre que la entraron al quirófano a las 9am y ya a la 10am había dado a luz, con cesárea. Cuando mi mamá salió embarazada, vivía en la calle Salcedo #57; esquina Abreu, parte atrás, en San Carlos. Dice que habían dos viviendas: la de ella y la de doña Florinda; la mamá de Alberto Támares, según mi mamá, un locutor y narrador de Lucha Libre en los tiempos de Jack Veneno (inmediatamente asocio ese nombre con el Forty Malt, que de niña tanto me gustaba). En la Abreu también vivía la mamá del Zafiro, a quien mi madre le alquilaba libros, por dos centavos cada uno; entre ellos la pequeña Lulú, Archie y también las novelas de amor de Corín Tellado. A diario mi mamá arrendaba tres paquitos y una novela. El Zafiro, para ese entonces, tenía alrededor de 12 años. Él se hizo bien amiguito de mi mamá y me tomó mucho cariño. Me cuenta mi madre que cuando nací ella pensó que iba a tener bastante pelo porque durante el embarazo le daban muchos hervores. Ella se sorprendió al ver a una caco pelado. Además, también tenía una narizota. Esto la desconcertó ya que mantenía las esperanzas de que mis rasgos físicos fueran parecidos a los de ella, disque, para adelantar la raza. Me comenta que todas las noches me sobaba la nariz con cebo de Flandes; método que aprendió de su abuela. ¿Quién sabe si fue debido a esa sobadera que toda mi vida he respirado con dificultad? Para colmo, mi hermano, ya yo más grandecita, jugaba conmigo tapándome la cara con una almohada para aguantarme la respiración. Esto me desesperaba ya que pensaba que iba a morir de asfixia. Recordar esas imágenes todavía me causa terror. Mi mamá me tapaba las fosas nasales para afinarme la nariz. Lo de mi hermano, en cambio, eran travesuras de niño, aunque debo admitir que él era bien maldadoso y gozaba cuando me veía sufrir. ¡Pobre hermano mío, donde quiera que estés deseo que descanses en paz! Para esa época mi papá trabajaba en Casen; una fábrica de ropa interior y telas. Dicha fábrica primero estaba en la calle José Martí y luego la trasladaron para Herrera. Ellos se conocieron en 1970. Mi mamá llevaba un año divorciada y tenía a mi hermano, ya con un año de edad. Cuando mi madre se divorció de su primer esposo, quien fuese trombonista de Juan Luis Guerra, ella retornó a la casa de sus abuelos paterno, en donde ella se crio desde que era una bebe. Esa casa estaba en la calle Caracas #58 frente a la escuela Julia Molina (actualmente escuela Republica del Uruguay) en el sector de Villa Francisca. A pocas cuadras vivía mi papá en un patio en la Barahona #73; con esquina Juana Saltitopa. Como olvidar ese patio, con su zanja estrecha y hedor a cloaca cuando no lo limpiaban apropiadamente. Es increíble que ya después de adulta y viviendo en Nueva York fue que supe quién era Juana: la generala que luchó junto a los Padres de la Patria durante la Restauración de Independencia en 1844.

Por: Yini Rodríguez
Todos los derechos reservados