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domingo, 8 de junio de 2014

El ermitaño


Mi primo el ermitaño era como el oso; buscaba comida y luego se encerraba en su guarida. Recuerdo esa escasa sonrisa alegre y sus ojos color de miel. Su dentadura blanca se destacaba por sus exageradas andanas y cuando reía irradiaba luz en la casa. Él no era tan viejo pero al ser tan pequeña lo veía bien mayor. Además, también lo creía un loquito por su manera de actuar y porque era un huraño. La percepción de los niños cambia a medida que éstos van creciendo y luego perciben la realidad con sus verdaderos matices. Ramoncito se la pasaba trancado en su habitación y pocas veces se socializaba con los demás. La casa de mi bisabuela parecía un harén con tantas damas. Aparte de mi bisabuelo, Ramoncito era el único varón adulto de la casa. Mi mamá era su prima mayor. La semana pasada estaba mi madre viendo en la tele Decisiones, que son relatos basados en historias, supuestamente, de la vida real. Ya no pierdo mi tiempo viendo tanta mierda como, por ejemplo, lo es el programa "Keeping up with the Kardashians." Antes malgastaba horas y horas frente al televisor viendo novelas. Acaso no tengo suficiente con mi vida para llevar la de aquellos detrás de una pantalla que no hace un carajo por mí? Al contrario, uno es quien les hace el favor a ellos porque ayuda a que suba el rating de la programación. Anyway, la historieta que mi mamá estaba mirando trataba de una familia que dio a su tercera hija en adopción porque eran muy pobres. En la trama pasaron veinte años. Luego, la chica se enamoró de su hermano sin saberlo. Me quedé pegada a la tele porque me llamó la atención dicha historia. Pero, lo que más me impactó fue el hecho de que mi madre me comentara lo siguiente: "te acuerdas de mi primo Ramón? Su historia es similar a esa”, me dice ella. Las memorias surgieron en su mente por estar viendo "Decisiones". Aunque es cierto que ya no le dedico tiempo a la tele, me alegró haberlo hecho esa noche con mi madre porque eso dio inicio a un gran relato del cual yo estaba ajena. Por qué la gente pierde su tiempo viendo series o novelas si en las de nuestras familias hay tantas historias que contar?  ¿Por qué mejor no juntarnos familiares y amigos en la casa o se van a un parque para que los pequeñitos jueguen y así, a la misma vez, ellos puedan abrir "el anecdotario familiar" y sacar a relucir historias que han estado sepultadas por décadas y quién sabe si hasta por un siglo o más?.

Bien, esta es la historia de Ramoncito contada por mi madre: "Ramón Vicioso. Más que primo fue mi hermano. Recuerdo como hoy cuando mi tío Chichi llegó con él en sus brazos después que su mamá lo dejó abandonado en la banqueta de un juzgado. Yo tendría como 5 años. Desde ese entonces éramos dos en la casa. Los dos primeros nietos de mis abuelos por parte de mi padre, fuimos creciendo juntos bajo las mismas costumbres y educación. Él era un niño tímido y callado que solo jugaba donde yo estaba porque lo defendía con uñas y dientes de cualquiera que le hiciera alguna maldad. Como él era tan torpe mi abuelo le puso de sobre nombre," lico el baboso " porque aparte de ser cobarde vivía con las baba al chorro. Pues bien, seguimos creciendo juntos y mi abuela todas las tardes después de un buen baño nos ponía ropitas bonitas y nos sentaba a cada uno en una sillita en frente de la casa y recuerdo cuando nos decía: si pasa la señora de la mancha no le hagan caso. Esa es una señora muy mala. Pues al decirnos esto le cogimos miedo a esa señora. El tiempo pasó y ya teníamos más edad. El como diez años y yo como catorce. Él comenzó a preguntarme que cómo era posible que su abuelo fuera mi abuelo y mi abuela fuese su mamá. Su papá era hijo de mi abuela entonces el no entendía cómo era posible que la mamá de su papá fuera entonces su mamá. Eso lo tenía a él muy desconcertado. Para ese entonces yo ya sabía parte de la historia y le dije a mi abuela que le dijera la verdad porque él estaba bien confundido. Fue ahí que yo me enteré que la señora de la mancha a quien mi abuela llamaba mala era la " madre" de mi primo. Y, en efecto, para mí era también mala pues lo había abandonado en un juzgado de paz porque su papá, mi tío, no podía darle el dinero que ella exigía para la manutención. Siguieron pasando los años y mis abuelos no le decían nada al muchacho. No fue sino hasta que él comenzó a estudiar de noche en la escuela República del Uruguay frente a nuestra casa cuando sucedió algo inesperado. Él se enamora de una muchacha en la escuela, pero un día llega un joven preguntando por Ramón y yo salí y le pregunté que para que lo buscaba. (¿)El joven me dice _es con él con quien tengo que hablar. Yo llamé a mi abuelo. Cuando él llega, dice: _¿qué pasa aquí?, con su cara de bulldog. El joven se asusta y dice de un fuetazo: _yo soy hermano de Ramón. Mi abuelo se quedó pasmado y solo atinó a decir: _¿Cómo, hermano de dónde? _Yo soy hijo de la señora que tiene la mancha en la cara y, por lo tanto, soy su hermano porque ella también es su madre. Desde hace tiempo que vengo observándolo pues tengo dos hermanas que estudian en la misma escuela y una de ellas ahora resulta que es su novia y hay que arreglar esta situación. Mi abuelo dijo: _vamos a esperar hasta la salida de la escuela para hablar con él. Llegó mi hermano Ramón y entre diálogo le dicen toda la verdad. Desde ese entonces la señora de la mancha salió a la luz y él odiándola con todas sus fuerzas hasta el día de su muerte. Nunca quiso saber nada de ella ni tampoco la perdonó por haberlo abandonado.¨

Por: Yini Rodríguez y Mirtha Díaz 
Editado por: Omira Bellizzio y Johnny Barbieri
Todos los derechos reservados

domingo, 25 de mayo de 2014

El sueño de Dabriel

Hoy se celebra en algunos países el Día de la Madre, en mi tierra natal, República Dominicana lo festejamos en grande. Por ello quiero compartir mis relatos, cuentos, pensamientos, fotos y crónicas desde este blog, inaugurándolo con un cuento que habla de una tía y su sobrino, en homenaje a todas las madres, hermanas, tías, abuelas, hijas, sobrinas: que son maravillosas MADRES, que se esfuerzan por levantar a sus hijos e hijas.

FELIZ DÍA, EN ESPECIAL A MI MADRE.

El sueño de Dabriel:

Érase una vez un muchachito de cuatro años, muy despierto para su edad, que tenía un gran sueño: LEER! Dabriel esperaba con ansias este milagro para poder leer todos los cuentos del mundo. Su hermana, en cambio, sí sabía leer pero prefería pasar el tiempo jugando.
Dabriel era un niño bastante sensitivo y a su corta edad podía pensar como una persona mayor. Todas las noches, antes de acostarse, le pedía a su hermana que le leyera un libro. A ella le disgustaba la idea porque no le gustaba leer.

_Por favor hermanita no seas así y léeme un cuento, le decía el chiquillo.
_Acaso no me vez ocupada, le respondía indiferente.
Efectivamente lo estaba. Debajo de su almohada escondía su DS de Nintendo y jugaba mientras su madre veía televisión en la habitación contigua.
_¿Por qué en vez de molestarme no juegas con tu muñeco del hombre Araña?
_Estoy cansado de lo mismo. Spiderman sólo se trepa por las paredes y aquí no hay nadie que él pueda salvar porque vivimos en un mundo ajeno a él -contestaba el niño con su carita de angelito.
Su hermana lo miraba pensando de dónde éste sacaba tantas ocurrencias. Dabriel era un niño ingenioso, él era distinto a todos en su familia. Sin embargo, se entristecía porque no sabía leer. Sí, qué tristeza porque él veía que su hermana sabía leer y no lo hacía.

Cuando su Titi llamaba le repetía a su hermana lo mismo: "Amaileen, tienes que leer todos los días. Mira que la lectura y la escritura son hermanitas y una no puede existir sin la otra. Además tu vocabulario se enriquece. En la escuela serás una de las niñas más inteligentes, ya lo verás. Pero por sobre todo, podrás imaginar otros mundos, conocer otras culturas y costumbres impresionantes. Cuando descubras esa magia nunca te sentirás aburrida ni sola."
El pequeño Dabriel escuchaba esas conversaciones  por el altavoz del  teléfono y el pequeño comenzaba a soñar. Ahí recordó un libro que su Titi le leyó cuando los visitó el verano pasado. "Lleva un libro en la Maleta", de Virginia Read Escobal, la historia trata de una niña dominicana llamada Yaniris que reside en España con sus padres y regresa de visita a su pueblo natal, y en su maleta lleva consigo muchísimos libros para regalárselos a sus amiguitos porque ellos no tienen que leer. Oh, ahora entiendo de donde a mi tía se le ocurrió la idea de regalar cuentos, pensaba él. Y de hecho, qué mejor regalo que un libro. Aunque los libros se rompan, las historietas quedan grabadas en las mentes de los niños tan creativos como Dabriel.

Otro libro de cuentos que disfrutó mucho fue “La Comunión del Colibrí y la luna” de la escritora venezolana Omira Bellizzio Poyer. En esta historia la luna resplandece con un brillo especial por el amor que existe entre ella y el colibrí. Wow, hasta tuvo la oportunidad de conocer a la autora porque es amiga de su Titi, quien le autografió dicho cuento y el cual guarda con mucho recelo para algún día leerle tan bella fabula a sus hijos. Dabriel, tan pequeñito, quería hacer cosas fuera de este mundo como los astronautas para vivir en el espacio y en sus momentos libres leer sobre los humanos en nuestro planeta tierra para así, antes de dormir, imaginar historias en el firmamento rodeado de astros y estrellas. En sus sueños su imaginación se engrandece cuando comenzaba a leer y jamás se sentía aburrido porque un gran amigo siempre lo acompañaba: Un libro.

Cuando el sol salió y abrió sus ojos estaba Titi al borde de su cama con un libro colorido: una cartilla del abecedario con el que su Titi le enseñó como danzan las letras y como se llegan a crear las primeras oraciones. Dabriel ya comenzó a leer y en su mesita de noche muchos cuentos lo invitan a soñar.

Por: Yini Rodríguez
Editado por: Omira Bellizzio y Johnny Barbieri
Todos los derechos reservados