lunes, 21 de noviembre de 2016

La Cenicienta

En el 2013 le vendí mi cartera Louis Vuitton a mi mejor amiga, para que así ella se descontara la deuda pendiente de nuestro primer viaje a Europa, en cuya ocasión visitamos 8 países y 23 ciudades. ¡Qué buena idea venderle la cartera y el monedero por 1000 dólares! En la navidad del 2009 gasté alrededor de 2,350, con los impuestos. Admito que era una persona presumida pero, más que presumida, yo diría que ignorante. Muchas veces, las personas de pocos recursos prefieren tener las cuentas atrasadas y andar con artículos costosos para echarle vaina al otro. Por suerte, ese ya no es mi caso, al contrario, siento que he ido de un extremo a otro y ahora hasta compro ropa usada en los Good Will/thrift shops. Sin embargo, siempre he dicho que no son buenos los extremos y tal vez ya sea hora de buscar un equilibrio.

¿Has pensado alguna vez si te gustaría ser un personaje de los cuentos de hadas? ¿Cuál sería el tuyo y por qué? A mí me hubiese gustado ser Blanca Nieves; en cambio, me ha tocado personificar a Cenicienta, no en un cuento, sino más bien literalmente. Cada año a octubre lo cubre un colorido follaje y a partir de este mes se llevan a cabo muchísimas actividades, en las cuales hay que vestirse de gala. No soy avara pero en la actualidad me niego a gastar cientos de dólares comprando vestidos que solamente me pondré en una sola ocasión. Antes era una compradora impulsiva, por lo que gastaba mucha plata comprando ropa, carteras y accesorios de diseñadores, que sólo por la marca, te quitan un ojo y la mitad del otro. Decidí que mi dinero lo invertiría en viajes y poco a poco fui dejando de comprar cosas caras. 

Puesto que ya no invierto en mi vestimenta, en mi armario nada más tengo viejos vestidos, y aquí entra el personaje de la Cenicienta. En esta ocasión, mi principal interés era asistir a la cena de gala, que celebra la fundación Lehman College anualmente, para recaudar fondos para becas universitarias. Pues bien, les comento que perdí la vergüenza y opté por acudir a mis amigas para que éstas actuaran como hadas madrinas. Mis problemas no se resolvieron a través de una varita mágica, sino por la generosidad de mis amigas, quienes contribuyeron a que yo me convirtiera en una maravillosa dama; vestida con hermosos trajes de piedras preciosas. Gustosamente ellas me prestaron vestidos, pañuelos, accesorios y carteras, porque ya había gastado alrededor de 350 dólares en boletas, y no estaba dispuesta a gastar un centavo más en trapos. 

Alguien recomendó que fuera a Macys a comprar varios trajes y que los usara con la etiqueta y que después los fuera a devolver. ¡Qué desfachatez la de algunas personas! Anyway, cada loco con su tema. En lo que a mí concierne, un día antes de la aclamada cena, ya estaba listo el vestuario. Mi jefa me prestó el vestido, los aretes, y el chal que va sobre los hombros. El bolso de mano lo facilitó mi supervisora y, la noche de la cena, mi amiga y colega, maquilló mi rostro y arregló mi pelo. Tres copas de Sauvignon Blanc calmaron mis nervios y comencé a disfrutar todo el espectáculo. Es como si en mi mente hubiese creado otra realidad, en donde hasta llegué a imaginar que era una princesa, en brazos del príncipe, bailando una dulce melodía.

Una lluvia brutal azota con rabia el pavimento. Un coat largo Oscar de la Renta cubre mi vestuario y con paraguas en mano me dirijo al salón de recepción del Jardín Botánico en el Bronx. A media luz, música instrumental, mesas altas, rostros alegres, sonrisas hipócritas, gente cuchichea aquí y allá, meseros se desplazan sirviendo bocadillos en una bandeja; yo, con la frente altiva, camino hacia el bar a buscar un trago. Ordeno un Cosmpolitan; observo para todos los lados; chequeo mi apariencia y siento que soy otra. Un hombre se acerca y pide un trago; me observa de arriba abajo y comenta que qué bello es mi traje. Me sorprende el comentario de ese pelón, puesto que jamás saluda a nadie, que tenga un título por debajo de él. Tal vez los tragos distorsionaron sus neuronas.

Vuelvo a imaginar que soy la Cenicienta y que dentro de poco llegará la medianoche y toda la ropa prestada desaparecerá y regresaré a mi casa solamente con los panties y mis tacones altos. 

Por: Yini Rodríguez 
Todos los derechos reservados

lunes, 10 de octubre de 2016

El mundo en que vivimos

Paredes cuarteadas 
división de clases que van
del pobretón al burgués
arrogante, el artista baila
en una cuerda floja 
consigue el estrellato

si es de su mismo entorno 
la gente lo resiente 
y lo vanagloria cuando
lo ve inalcanzable

Filtración y moho
escorias que  
cada cuatro años
con discursos baratos
se renuevan

luz y sonido
a mansalva secuestrados
todo es sombra
y silencio en la cueva.

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Gotas en medio de las dos. Las evadimos sutilmente. Tú, dándome la espalda con tu suéter encaramado hasta los hombros. Yo, rascando tu espalda. El cepillo se mueve perpendicularmente provocando en ti una sensación que describes como «¡una vaina jevi!». Imágenes que llevaremos hasta la tumba...

Te veo feliz cosechando tus frutos. Orgullosa sirves la cena: plátanos, guineítos y yuca, sacados de tu siembra. Acompañados con salami y cebolla frita, que compraste en un colmado, a la intemperie. No hay luz, nevera ni televisión. Con la lámpara alumbras el cuartito. Arreglas la cama y pones el mosquitero.

Mateo sopla con una fuerza vigorosa, mientras una lluvia incesante inunda pueblos y ciudades del tercer mundo. Disfruto las gotas que golpean el techo de zinc, de tu casita de madera. A la misma vez siento un gran miedo de que ésta vuele en mil pedazos. Me acuerdo de David y me acurruco temblando en la cama. Me espanto al ver una tarántula. Quiero concentrarme en la lectura pero las voces de gente chismeando distraen mi atención. Es mi madre, su coro de amigos. Yo soy chismosa sólo cuando escribo para contar vivencias.

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Salomé, poeta nacional y gran humanista, tus poemas patrióticos hacen eco en mi conciencia. También están tus poemas de mujer apasionada, sufrida y traicionada; esos sacuden mis emociones empañando mi alma. Que mi nombre aparezca en el programa de la XIX Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2016 me llena de orgullo porque ha sido dedicada a ti, a quien tanto admiro.

¿Cómo llegué ahí? Por una cuña como sucede en muchos casos. Supongo que en la feria había otros colados igual que yo. ¿Cuáles son los criterios para que a un escritor lo inviten a participar y a otros no? Eso lo comentó una amiga, y ahora lo cuestionó yo, simplemente por curiosidad. 

Mi piel se ruboriza cuando me llaman poeta. No sé adornar la rabia, el dolor, la frustración, la fantasía o el delirio. Quisiera usar palabras que provoquen imágenes o sentimientos en otros lectores, en donde la idea no es decir sino sugerir tal como decía José Asunción Silva. Yo no soy poeta, aunque sí es cierto que sufro, igual o más que ellos. Hace más de tres lustros soñaba con ser escritora. Hoy sueño otras cosas para calmar el fuego que devora mi pecho y me empuja a ir por más. Pienso en Salomé, la mujer tísica, tendida en su cama, sin embargo, tuvo valentía y coraje para enaltecer su patria, no sólo con palabras poéticas, sino también con hechos. Ella luchó hasta el último día de su muerte, forjando hombres de bien.

En este viaje a Santo Domingo, en donde participé en el programa de la XIX FILRD2016, quería crear hermosas experiencias. Antes de estar ahí ya me imaginaba caminando por la Plaza de la Cultura; comprando libros y visitando pabellones a ver a algunos conferencistas y escritores que llamaron mi atención cuando vi sus nombres en el programa. No hice ninguna de esas cosas. El tiempo se esfumó y así mismo se desvaneció mi interés. Tal vez en el fondo la inseguridad de sentirme extraña en un ambiente al cual no pertenezco. ¿En dónde encajo yo? A esa pregunta trato de encontrarle una repuesta, siempre en vano.

Antes de la primera actividad, fui a cenar a Maniquí, una suculenta Ensalada César con pollo y dos pequeñas Presidente Black, vestiditas de novia. En el camino encontré a mi amigo Ramón Saba, y nos dimos un efusivo abrazo. En mi presentación, la lectura fluyó porque yo estaba relajada. Sin poses ni pretensiones. Hubo un diálogo interesante con algunos jóvenes, especialmente con Andri Alba, una joven enamorada de la poesía y a quien tengo de amiga en FB hace ya un tiempo. Regalé mi libro. Ojala que lo lean y se animen a escribir porque la escritura no tiene ciencia. Además, cuando uno escribe, aliviana las penas del alma. 

No sé decir si la segunda actividad fue más gratificante, pero ahí pude compartir con personas que ya forman parte de mi universo, entre ellos mi gran amigo Juan Freddy Armando (Gracias por presentar mi libro), Susana Silfa, Marivell Contreras, Franklin Gutiérrez, Carlos Nina Gómez, y mi amigo incondicional Nobel Alfonso, un maestro que aprendió de otros maestros, como es el caso de él con René del Risco y Bermúdez. Es como si hubiese un hilo conductor que va hilvanando muchas historias en un conglomerado asfixiante y desordenado. Lástima que no pude coincidir con dos nuevos amigos, a los cuales no conozco en persona pero ya los aprecio: Francisco Suero y Rafael Román Feliz. 

Para mí es importante darle cariño a los míos. Por eso siempre saco un espacio para visitar a mi tía Flor, en cuya casa comí bofe, masa de cangrejo y tostones (¡diosito, qué rico es comer!). También compartí con grandes amigos en diferentes momentos. Saboreé un rico desayuno y un suculento almuerzo en casa de Nobel Alfonso y su esposa Sandra Pons (que preparó Silvia); tomé una copa de vino Malbec en la Casa-Museo de Freddie Cabral y su compañera Elena; un buen mofongo con carnita de cerdo en Adrian Tropical en compañía de Rafael Johnson y su esposa Rina. Conversaciones enriquecedoras de viajes, proyectos, sucesos y muchos otros temas. 

Fui al Blue Mall a reunirme con mi nuevo amigo el Dr. Daniel Beltré López en el café SBG. Cierro mis ojos y saboreo el sumo de piña y menta que tomé en ese lugar. Sostuvimos varias conversaciones y con cada tema mi cerebro se iluminaba. Imaginaba los proyectos que pienso llevar a cabo. Un sólo paso a la vez pero que, con el transcurrir del tiempo, se note la diferencia. Es como plantar un árbol y rociarlo por muchos años hasta verlo crecer frondoso y saludable.  

Otro encuentro muy chulo fue el que sostuve con mis amigas Martha Isabel Rivera-Garrido y Cosette Bonnelly, directora del Nuevo Diario. Entre vino, cigarrillos, hamburguesas y yuca mash, leímos dos poemas; uno de Neruda y el otro de García Lorca: “El tango del viudo” y “Odas a Walt Whitman”. Me fascina escuchar a Martha leer poemas. A ella le gustó como yo leo y eso me hizo sentir bien porque somos down to earth para apreciar las cualidades que tienen los demás. Reímos a carcajadas y también lloramos internamente, a todo pulmón. Al despedirnos quedamos con la esperanza de que haya otra ocasión para darnos un abrazo cálido y fraternal, como hacemos cada vez que nos vemos. 

Por último, y lo más importante, fue que compartí con mi madre y mi abuela. Mujeres duras como el roble, que luchan y afanan constantemente. Ahora están nuevamente disfrutando la vida del campo como cuando eran muchachitas. Con ellas aprendo que en realidad no hay que ser el más rico ni el más educado para llevar una vida cómoda en donde cuidemos la naturaleza y nos alimentemos de sus frutos. 

Volví a pensar en Salomé cuando pasé por el Instituto de Señoritas, en la Zona Colonial. Esta vez sentí algo muy especial. Imaginé su energía penetrando mis poros hasta llegar directo al corazón como un disparo bien intencionado. Me hubiese encantado vivir en su época y frecuentar los mismos espacios que ella recorrió.

En el Nombre de Salomé, como el título de la novela de Julia Alvarez, juro poner empeño para lograr mis objetivos con tal de apoyar y abogar por aquellos menos favorecidos pero con fervientes deseos de superación. Cuando se proveen las herramientas, el ser humano crece espiritualmente como ha sido mi caso. Yo rehúso a ser una víctima de las circunstancias porque a pesar de las preocupaciones constantes soy una mujer que desafía el miedo, siempre en comunión con el universo y viviendo con extrema humildad. 

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La muerte aparece constantemente y uno queda aturdido pensando, ¿quién será el próximo? Esta vez fue mi tía Calina Mateo de Reyes. Cuando mi papá se enteró de la noticia, lamentó muchísimo su muerte y dijo con tristeza: «Tanta leche que compró mi tía para ti cuando eras una niña». Aun así se olvidó de ella, como hicieron otros miembros de la familia, incluyéndome a mí. Siempre la recordaré, al igual que a mi tía Eduviges y mi bisabuela Martina, quienes ya hace tiempo pasaron a mejor vida... En mis numerosos viajes nunca busqué la manera de compartir con ella y esa es una espina que permanecerá clavada en mi alma.

Qué lindo culto se llevó a cabo en su nombre el domingo dos de octubre de este año. Este hecho me tomó desprevenida porque, según yo recuerdo, mi tía Calina era católica pero en su casa tenía un altar en donde recibía a sus amistades para leerles la taza o el tarot. No sé si sentir pena o alegría ya que la familia sólo se reúne bajo estas circunstancias, es decir cuando alguien muere. Lo que me agrada y engrandece mi corazón es el cariño que nos profesamos, sin importar el tiempo que tengamos sin vernos

Por: Yini Rodríguez
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viernes, 2 de septiembre de 2016

Proyecciones

Ayer, 1 de septiembre, cumplí 43 años, de los cuales llevo treinta años viviendo en Nueva York. Han sido tres décadas de altas y bajas, no obstante, de ninguna manera me arrepiento de todo el bagaje que se compone mi vida, puesto que cada experiencia es un aprendizaje. Sin embargo, no estoy aquí para hablar de las alegrías ni de los sinsabores, que he vivido en esta "jungla de concreto". Más bien, quiero compartir mis proyecciones para los próximos siete años. Hace un tiempo dije que callaría. ¿Pero cómo dejar de hablar si es a través de la comunicación, especialmente la palabra escrita, que puedo plasmar mis visiones de las cosas que deseo lograr?

Me defino como una soñadora siempre en busca de sus sueños, con la finalidad de ser feliz e inducir el bien. Ser así me ha costado que me tilden de loca, inocente o soñadora. Lo último que escuché, a un amigo decir, cariñosamente, es que yo me hago muchas pajas mentales. Lo que ese amigo no sabe es que no son solamente pajas mentales. ¿Por qué negarlo si desde los nueve años aprendí a masturbarme? Pero, tampoco estamos aquí para hablar de pajas. Aunque les confieso que hablar de mis proyecciones no es nada fácil, pues mi visión, a medida que voy educándome, cambia de perspectiva y creo que por eso evado el tema con otras pendejadas, que a nadie les interesa saber, pero aun así yo las ventilo porque esa soy yo, quien todo lo cuenta cuando escribe.

Pues bien, se supone que debemos vivir en el presente. Es decir ahora, en el mero "now". Y, eso es lo que hago. Bueno, desde hace ya una década para acá. Antes, me perturbaba el presente y sólo sentía alivio cuando soñaba con un futuro mejor. Confieso que vivía con mucha angustia – y aun es así pero es una angustia de otra índole –, sin embargo, el futuro que proyectaba se convirtió en realidad. Según lo que cada quien entienda como realidad, ya que yo misma, muchas veces, siento que estoy en otra dimensión.

Eso sí, el que vive, sin un propósito, se pierde de muchas cosas chulas. Este tipo de personas son inertes al dolor que los rodea porque viven en un mundo superficial. Desafortunadamente, no lo saben ya que carecen de consciencia. ¿Y quién sabe si de esta manera son más felices? Yo pertenecía a este último grupo en la década de los 90s. Veinte seis años después la cosa es diferente. Todo lo que imaginaba, como una especie de magia, se ha ido materializando. Por eso ahora, hasta cierto punto, soy feliz con la vida que, a puro pulso, he ido forjando para mí y los míos.

Un sicólogo una vez comentó que era muy dura conmigo misma. Por suerte, he aprendido a quererme como nunca imagine hacerlo, aún a pesar de las cicatrices que adornan mi cuerpo – ese también es otro tema –, pues aprendí a aceptarme a mí misma tal y como soy. Está de más decir que no solo de sueños vive el hombre. Soy de las que sueñan y luego toma acción porque son los hechos y las acciones las que hablan por sí solas. En este caso, el tiempo es nuestro mejor aliado. Al mirar hacia atrás siento satisfacción de mis logros y eso me anima a seguir luchando por mis sueños y a tener más confianza en mí.

Sobre mis proyecciones puedo decir que me voy a ocupar más de: Cuidar mi cuerpo con una buena alimentación, hacer ejercicios, disfrutar más mi trabajo, aprender de mis cursos, conectarme con mi familia con más frecuencia, consolidar el círculo de amistades, viajar y mucho, concretar mis proyectos humanitarios y también ahorrar para mi jubilación, para que mi calidad de vida, en la tercera edad, sea placentera.
Por último, volver a escribir en este blog, el cual había abandonado por mucho tiempo porque la escritura comenzó a causarme algo de stress, pero ahora entiendo que no debo tener miedo de expresar todas las inquietudes que llegan a mi mente, porque es maravilloso sentir paz y conectarme con mi esencia cuando escribo.

Emocionalmente ya no estoy atada al pasado por lo que puedo mirar atrás y tener un dialogo con antiguos monstros, que merodeaban mi mente. Escribiré abiertamente de todas las adiciones, obsesiones y del estilo de vida desenfrenado que viví por muchos años, más la voluntad de superación, hizo que yo saliera de ese infierno, del cual escribiré en este blog para hacer justicia a la magia de la literatura y a la vida misma. 

Por: Yini Rodríguez
Todos los derechos reservados

lunes, 27 de abril de 2015

Un bonche a la hora de brunch

Cuatro de la madrugada y sin poder dormir. El viento entra por una rendija, con su silbido usual. A pesar del frio no me animo a buscar otra sabana. El cuerpo inerte y la mente inquieta equilibran mi cama. La oscuridad es mi fiel compañera. Respiro profundo. Estoy cansada pero el ruido del tren, con su vaivén, no me deja dormir. El amigo insomnio hace acto de presencia.  Pienso en el compromiso que tengo al otro día. Le prometí a mi roomie ayudarla a preparar su primer brunch.

Después de un torrente de pensamientos, me tranquilizo. Duermo como una bebe en posición fetal. Despierto a la hora acordada, sin ningún problema. Cuelo café. Cepillo mis dientes. Luego, me siento en el inodoro con cafecito y cigarrillo en mano. Después, una ducha.  El agua tibia relaja mis músculos para que la energía fluya por todo mi cuerpo. Cuando estoy lista para ir al supermercado, despierto a mi roommate. Ella, con ojos cansados y suplicantes, me dice que quiere dormir una hora más. 

¡Vamos, no te olvides que hoy es el gran día; si no nos damos prisa llegaran los invitados y no tendremos la comida lista! — le comento para que se levante de la cama.

Los colores de las verduras nos colman de alegría La cocina se llena de aromas exquisitos y parecemos como si fuésemos Tita y Nacha en su labor de cocineras. Cada quien sabe lo que hace.  Nuestros movimientos, en ese espacio tan reducido, son bien orgánicos. En el horno, los quiches se doran. La pasta al dente lista para echarle la salsa. Ensaladas. Frutas. Salchichas. Patatas condimentadas. ¡Que combinación gastronómica! 

No era una fiesta, ni un baile, ni una rumba, pero tampoco una parranda. Entre el desayuno y el almuerzo se encuentra el brunch, que es más bien una combinación de los dos. La gastronomía nos une. Es como tener un orgasmo mágico vía oral. Es una delicia degustar alimentos cocinados con ternura y amor. Tomamos mimosa. Risas. Carcajadas. Variedad de temas. Desde el Kobe hasta las nanies que cuidan niños de familias pudientes en la ciudad de Nueva York.

Un tema de mucho interés fue sobre el rol de la mujer en la sociedad y cómo éstas les han servido a los hombres como si fuesen sus sirvientas. Aún en el siglo XXI es difícil desprenderse de esa tradición tan machista y patriarcal. Es tan así que cuando llegó una pareja de amigos gay inmediatamente yo fui a servirle la comida. Sin embargo, a las  chicas presentes, solamente les pasé sus platos para que ellas mismas se sirvieran sus alimentos.

A la hora de hablar se puede decir tantas cosas, sin embargo, son nuestras acciones las que hablan por sí solas. Desafortunadamente, muchos de nuestros comportamientos están acondicionados por varias generaciones. Para cambiar esos patrones hay que prestar mucha atención y crear una consciencia del ser. 

Quiero que, en el próximo Brunch, sean los hombres, quienes me sirvan a mí.

Por: Yini Rodríguez
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lunes, 13 de abril de 2015

La historia de Julissa

Me enorgullezco en presentar la historia de Julissa Álvarez-Díaz, la cual no es ficción. El relato es narrado en primera persona por su protagonista. Gracias a su educación y a sus esfuerzos ha logrado grandes metas. Julissa acaba de inaugurar su empresa Brimela RD Events & Decorations (www.brimela.com, @Brimelard) con sede en Santo Domingo, República Dominicana. Por sus principios y valores le auguro muchos éxitos como empresaria y estoy súper orgullosa de sus logros. Arriba Brimela!

“Mi nombre es Julissa Álvarez-Díaz. Tengo 32 años de edad y soy una orgullosa madre de dos niños: Once y nueve años de edad. Hace aproximadamente 18 años emigré a los Estados Unidos, junto a mi madre y hermana mayor, en búsqueda de un mejor porvenir.  En ese entonces tenía 14 años y solo sabía que había llegado a un país de sueños y oportunidades. Por ende, decidí aprovechar esta oportunidad. Durante los primeros años asistí a la High School sin saber el nuevo lenguaje. A la misma vez, después de la escuela, trabajé tiempo completo en un supermercado para ayudar a mi madre con los gastos del hogar familiar.  Cada día llegaba a la casa a las nueve de la noche del trabajo y a esa hora cansada debía hacer mis tareas.  Al día siguiente la misma rutina se volvía a repetir. 
En aquel entonces, al ser tan joven y estar hambrienta de superación, no me importaba trabajar los 7 días de la semana.  Sabía que yo no quería ser como los otros jóvenes que no apreciaban el hecho de no hablar bien el inglés. Le decía a mi madre: “si yo pudiera hablar como ellos”. A pesar de los numerosos obstáculos en un nuevo ambiente, pude graduarme de la secundaria con honores cuando aún ni siquiera todavía dominaba bien el idioma.  En el 2000 fui admitida a Lehman College a través de un programa especial para estudiantes de inglés como segundo idioma.   Durante mi tiempo en Lehman recibí varias becas, las cuales me condujeron a trabajar medio tiempo.

En el 2001 comencé a laborar en el departamento del vice presidente de la universidad.   En el 2004, recibí  mi Licenciatura en Economía con una especialización de manejos de empresa.  Durante ese transcurso me ofrecieron un trabajo a tiempo completo y llevé la responsabilidad de administrar más de 60 millones de dólares, dirigir juntas de aproximadamente 125 miembros bajo la dependencia del Presidente; además de revisar y aprobar los programas ofrecidos en la universidad.   Mientras, fui obteniendo todos estos logros, supe que la licenciatura no era el final de mi jornada. Por dicha razón, obtuve mi primera maestría en Administración de Servicios Sociales en mayo del 2010 y en junio del 2012 completé mi maestría de Ciencias en Finanzas. 

Por la experiencia que obtuve durante esos años en Lehman College, fui contratada por el vicepresidente de recursos académicos en la universidad de City College de la ciudad de New York, en donde trabajo actualmente. Gracias a mi preparación académica he podido alcanzar metas más altas. Pero no siempre fue así.  Si alguien me pregunta: “¿crees que has logrado el sueño americano?”  En lo general, las personas como yo dirían claro que sí porque tengo una carrera, un buen trabajo y más importante soy dueña de mi propio hogar y negocio.
Sin embargo, a pesar de tener todas estas cosas, mis sueños son otros. Uno de mis mayores anhelos es poder ayudar a otros que viven en la misma condición que viví yo 18 años atrás.  Recuerdo lo que es no tener piso en el hogar si no tierra o caliche.  Sé lo que se siente el no tener agua por varios días y tener que buscarla a varios kilómetros de distancia.  Sé lo que es comer solamente plátanos vacíos porque no había dinero para comprar carne.  Y sé también lo que es quedarse en un rincón de la escuela durante el recreo porque no había dinero para una pequeña merienda.

Lo importante no es utilizar tus pasadas circunstancias como un impedimento sino como un motivo para empujarte a tus más grandes límites. Cada día valoro más las aptitudes de las personas y la integridad del ser humano. Sé que estas cualidades me han ayudado a apreciar las bendiciones que la vida ha puesto en mi camino, para seguir multiplicando a medida que ayudo a otras personas. Si me preguntan cuál ha sido el secreto de mis logros pienso que se debe a que comparto mis enseñanzas. Aprendí de un autor que Dios te da lo que fluye de ti y no lo que se queda contigo. Por eso debemos ser como un rio y no una represa para que todo fluya naturamente y estemos en ritmo con el universo”.
Éstas son algunas de las experiencias de Julissa y si algunos lectores se identifican con ella entonces está en ti el poder lograr lo que sea en este mundo: “El cielo es el límite”. Para cambiar nuestra sociedad necesitamos personas como ella, ya que sus logros y sus acciones hablan por sí solos. Si pudiera tener una hija la llamaría Julissa porque he conocido a dos grandes mujeres emprendedoras que llevan ese nombre y ayudan a los demás en ese proceso.

Hace tres años tuve la oportunidad de asistir a una conferencia relacionada en fortalecer el desarrollo de las mujeres en los Estado Unidos y otras partes del mundo.  Una de las invitadas fue Julissa Ferreras, quien es una asambleísta en el condado de Queen.  Ferreras dio un testimonio que no se me olvida: Cuando ella tenía 14 años empezó a preocuparse de los problemas sociales de su comunidad. Resulta que en su barrio querían abrir una licorería, a pesar de que en la misma cuadra ya existían otras más.  Ella tomó conciencia y pensó que esta propuesta no era saludable para su comunidad. Reuniendo voluntarios y protestando a las autoridades, ella pudo hacer que en lugar de una licorería pusieran una repostería.  
¿Quisiera saber si a los 14 años podemos lograr algo tan impactante como eso?  Eso parece, ya que Ferreras lo logró motivada por sus convicciones.  Entonces, yo no les pido que vayan a transformar el mundo de la noche a la mañana, si no que tomen iniciativas tan pequeñas como esta, pero a la vez tan significativas para nuestra juventud. Un estudio hecho en el 2006 sobre factores humanos dice que las personas retenemos 10% de lo que leemos, 20% de lo que escuchamos, 30% de lo que vemos, 50% de lo que vemos y escuchamos y 90% de lo que discutimos y practicamos.  Por eso ya es hora de cambiar las cosas que no favorecen a la sociedad y apoyar por medio a la práctica las acciones positivas.

¿Amamos nosotros nuestra comunidad como lo expresamos?  Y si es así, ¿qué estamos haciendo para cuidarla y darle el valor que se merece? ¿Qué hacemos con respecto a las problemáticas: prostitución, drogas, falta de educación, higiene en los barrios, no salud pública, desempleo, violencia doméstica, criminalidad, no derechos humanos y la corrupción? Debemos prestar atención a los problemas sociales que están afectando nuestra comunidad.  Lo que marca la diferencia es ser ejemplo con nuestras vidas para así motivar a futuros líderes para que vivan con integridad y puedan realizar los cambios necesarios en su entorno como lo es el caso de Julissa Álvarez-Díaz y Julissa Ferreras.
Los logros de Julissa y lo que hace en su vida cotidiana son una fuente de inspiración que nos muestra que soñar no cuesta nada y que sí se puede cuando una se prepara y tiene fe. Un porcentaje de las ventas de su empresa será destinado a trabajos comunitarios. Los exhorto a que usen y recomienden los servicios que ofrece Brimela RD Events & Decorations (www.brimela.com, @Brimelard) para que así Julissa pueda llevar a cabo los maravillosos proyectos altruistas que se ha trazado como meta, para de esa forma poder devolver a la humanidad algo de los regalos recibidos.

Apoyemos a los nuestros ya que cada granito cuenta. Así que por favor denle un like a su página en Facebook: Brimela RD Events & Decorations y también síganla en Instagram: @Brimelard
Por: Yini Rodríguez y Julissa Álvarez-Díaz
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lunes, 16 de marzo de 2015

Cuando llegará ese día

Esa noche, Divina sentía una fuerza indescriptible cuando leía en voz alta el email que iba a enviar a su amado. Después que ella escribe, duda de su contenido porque no quiere ofenderlo, con palabras fuera de contexto. En los últimos años la comunicación entre ellos ha mejorado debido a los correos electrónicos que se intercambian a diario.

Al principio, su compañero apenas escribía unas cuantas oraciones. Pero, como ella siempre tiene algo que decir, lo motiva a que él también haga lo mismo. Divina vuelve a concentrar su atención en la pantalla del monitor. Ella desea revisar, una vez más, el correo que piensa enviarle. Endereza su torso; tiende su mano para alcanzar la taza de café; pone el cigarrillo en el cenicero; tose para aclarar su garganta, y luego comienza a leer:

“Hola mi amor. Sabes, estaba contestando tu email pero perdí toda la información porque la página se cerró. Trataré de reconstruir lo que ya había escrito en el correo anterior. Te decía que por favor no juegues. No me gusta que pagues deudas de esa índole. También te decía que te voy a mandar una novela con una trama bastante interesante. Aprovecha el tiempo y lee. La lectura nos abre la mente. Siempre te he dicho que eres un hombre inteligente y muy habilidoso. Enfócate en el camino del bien. Qué tu conducta se rija por la integridad y la ética”.

Divina hace una pausa para corregir algunas palabras. Ella siente frustración e impotencia porque, aunque se acuerda de lo que escribió, jamás será lo mismo si desea plasmar sus pensamientos nuevamente. Las ideas aun flotan en el aire. Para calmar la ansiedad, ella vuelve a fumar con complacencia para así proseguir con la lectura.
 
“Cuando el ser humano crea consciencia, en su interior se abre un horizonte de posibilidades para transformar su realidad. Pregúntate que cosas deseas lograr. Si fueras a escribir tú historia, ¿cómo lo harías? ¿Cuáles son tus objetivos en la vida? Solo tú puedes saberlo. El espectador observa y analiza desde su perspectiva. Sin embargo, al final del día, es tu vida y tú debes tomar las riendas de ella. Tienes mucho potencial y está en ti querer pulirlo. Cada día se aprende del prójimo. Escarba dentro de ti y ve en busca de tus sueños. El universo nos ofrece muchas cosas extraordinarias. Juntos podemos lograr lo inimaginable pero siempre haciendo lo correcto. Piensa en el legado que te gustaría dejarles a tus hijos y a la humanidad. Por favor no desaprovechemos esta oportunidad”.
 
Después de releer varias veces el mensaje, Divina duda en mandarlo. Se da cuenta lo que siempre le vive recalcando su madre: cuando ella escribe, es para dar un sermón como si la gente quisiera escuchar esa jodienda.
 
–A la gente hay que dejarla vivir – le grita su madre mientras se deleita mirando sus telenovelas.

Divina cambia el tono, no por lo que le comenta su madre, sino porque se va a despedir. Mañana es otro dio en donde tendrá que escribir de nuevo.  

“Me haces mucha falta. Extraño tu aroma, y también tus besos. Cada noche se me hace más difícil conciliar el sueño sin ti. Bueno, mi amor cuídate mucho y recuerda que siempre estás en mis pensamientos. I love you”.  
 
Los tiempos cambian porque hace más de una década eran cartas que enviaba con un sello por el correo postal. Ella recuerda los detalles que dibujaba en dichas cartas. Corazones. Flores. Mariposas. I love you 4 ever. Y, hasta que la muerte nos separe. Esas eran algunas de las imágenes que asomaban en el papel. Las hojas eran rociadas con lavanda, la fragancia predilecta de su amado. Divina, antes de pulsar el botón, vuelve a leer el correo porque no es su intención darle una reprimenda al ser que tanto ama.

Por: Yini Rodríguez
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lunes, 9 de febrero de 2015

Carta de admisión

Anoche sentí un poco de pánico y ansiedad porque cuando llegué a mi casa tenía que hacer mi equipaje y también recoger mi habitación ya que por doquier había ropa y documentos tirados, lo cual es inusual en mí porque soy una persona súper organizada. A tal extremo, que reconozco mi OCD "Obsessive Compulsive Disorder". Sí, y no lo niego. Sin embargo, prefiero tener manía de limpiar y no el síndrome de Diógenes. Coño, por qué me comprometo tanto y dejo lo mío para última hora, pensé irritada.

Para lograr los objetivos el ser humano debe salirse del área de "confort". Mi bisabuelo decía que el que quiere comer pescado debe mojarse el trasero. Es cierto, porque nada llega de gratis. Reflexionar sobre esas cosas me dio ánimo para limpiar mi habitación, sacar la ropa para mi equipaje y también organizar mis papeles. El último documento que cayó en mis manos fue la carta de admisión que mi hijo escribió cuando solicitó a varias universidades. Un nudo se hizo en mi garganta. De mis ojos no brotó una lágrima pero mi corazón sangraba por dentro. Yo adoro a mi hijo.

Si hasta ahora no había hablado de él, no significa que no lo tenga presente en mis pensamientos. Al contrario, mi hijo lo es todo para mí. Él, sin saberlo, contribuyó enormemente para que yo cambiara de vida. El día 7 de mayo cumplirá 25 años. Cuando él era un bebe, yo parecía una adolescente jugando con un muñeco. Tal vez por eso lo descuidé tanto. No me justifico ya que la inmadurez y la ignorancia tenían una venda en mis ojos. Las heridas poco a poco han cicatrizado y ya no estoy tan vulnerable para hablar sobre mi único y adorado hijo. 

La escritora Esmeralda Santiago, cuando hizo una presentación en el Lehman College, comentó que muchas veces tenía que dejar a un lado el ordenador ya que el llanto empañaba su visión y la pena se apoderaba de su corazón al escribir de temas dolorosos. En estos instantes me encuentro en esa situación. La única diferencia es que no estoy frente al ordenador sino que escribo desde mi iPhone. Mis lágrimas van dirigidas a esa joven ignorante que descuidó tantas noches a su hijo cuando él más la necesitaba. El pasado no lo puedo cambiar pero si reflexionar sobre éste para así en la actualidad ser una mejor madre. 

Aunque los hijos sean adultos, en un lugar de nuestro corazón, todavía los vemos como niños.  Eso sí, tampoco es que los vamos a amamantar como si lo fueran porque ahí cambia el asunto. Por culpabilidad, ignorancia o por cualquier otra jodienda, cuando se miman demasiado, no los dejamos desarrollar y luego tenemos parásitos que no sirven para nada y se convierten en escorias de la sociedad. Este no es el caso de mi hijo. Hace cinco años se fue a la universidad pero luego dejó los estudios y se ha conformado con un trabajito en McDonald. 

Él vive a siete horas en un pueblito insípido en donde gran parte de sus residentes son conformistas y ahogan sus penas con el alcohol. Pienso que es natural que los hijos necesiten apoyo moral y si están en problemas económicos que también uno les dé una manito de vez en cuando. Yo pienso ayudarlo pero no es verdad que mientras yo me fajo como una leona él va estar tranquilo echándose aire en los testículos. Creo que ha llegado el momento de involucrar a mi hijo en mi vida para que por su cuenta descubra otros horizontes y se salga de la prisión imaginaria que el sistema nos ha impuesto. 

No voy a profundizar en mi relación con él porque en un futuro pienso dedicar tiempo para escribir "cartas a mi hijo" desde cada país en donde me encuentre. Reflexionar sobre el pasado; su niñez, y adolescencia, hasta convertirse en un hombre. También escribiré de los países que visite, sobre la cultura y también su gente, para qué él pueda soñar e imaginar otros lugares como lo hacia yo cuando leía uno que otro libro. Fue gratificante leer esa carta de admisión porque mi rostro resplandeció de orgullo y amor pensando en mi hijo, quien en dos meses me dará el regalo más bello: un nieto.  

Por: Yini Rodríguez
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